Pekín acusa a EE UU de usar el “manual de la Guerra Fría” para frenar sus desarrollos en inteligencia artificial
Inma Bonet / Elpaís
El llamamiento del consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, a pisar el freno en la carrera de la inteligencia artificial (IA) ha abierto un nuevo frente en la rivalidad entre China y Estados Unidos, a las puertas de que se celebre una nueva cumbre entre sus líderes, Xi Jinping y Donald Trump, prevista para dentro de diez días. Pekín ha recibido la propuesta de Amodei con recelo y advirtió este lunes de que presentar el avance de esta tecnología como una amenaza y alimentar la confrontación solo dificultará la elaboración de reglas globales.
Hasta ahora, el pulso tecnológico entre ambas potencias se había dirimido principalmente en torno a los chips, los centros de datos y la capacidad para construir modelos cada vez más potentes. Este fin de semana, sin embargo, la disputa se desplazó a un terreno menos tangible, pero igualmente decisivo: quién puede marcar el ritmo de ese desarrollo. Amodei aboga por que las compañías estadounidenses avancen más despacio, pero teme que China las adelante mientras ellas echan el freno. Y, para evitar que Estados Unidos pierda su ventaja, propone endurecer las restricciones que ya dificultan el progreso del gigante asiático, un planteamiento que ha suscitado un fuerte rechazo por parte del Gobierno chino.
El Ministerio de Exteriores ha expuesto este lunes la posición oficial. El portavoz Guo Jiakun, que evitó entrar en los riesgos concretos señalados por Amodei, respondió desde el lenguaje habitual de la diplomacia china y situó el debate en el terreno de la cooperación internacional. Defendió una IA “abierta, inclusiva, que beneficie a todos y orientada al bien” y advirtió de que las “narrativas de amenaza” y la “competencia malintencionada” perjudican la gobernanza global de esta tecnología. “No benefician a los intereses de ninguna de las partes”, zanjó.
Guo señaló además que China ha incorporado formalmente la IA a su marco jurídico nacional de ciberseguridad y continúa perfeccionando las normas institucionales y los códigos éticos.
China no niega que la IA plantee amenazas, pero rechaza que estas se utilicen como argumento para frenar su desarrollo. En julio, China y otros 28 países firmaron en Shanghái el acuerdo para constituir la Organización Mundial de Cooperación sobre IA. Xi reclamó entonces que la supervisión sea “más precisa y eficaz”.
La propuesta de Amodei ha dividido también a Estados Unidos. Aunque recibió el respaldo del responsable de OpenAI, Sam Altman, y del fundador de xAI, Elon Musk, el mandatario estadounidense restó importancia a la necesidad de una ralentización. Si bien Trump admitió que pueden introducirse salvaguardas, calificó de “fuerzas muy negativas” a quienes plantean escenarios que, en su opinión, no llegarán a producirse. “Estamos por delante de China en IA. Somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, quiero que siga siendo así, porque quien gane la IA, gana”, afirmó. Este lunes, denunció en su red social, Truth Social, una “conspiración enfermiza” contra la IA y los centros de datos de la que, aseveró, China sería la única beneficiaria.
“Estrangular” el desarrollo chino
La reacción más contundente desde China llegó desde el rotativo nacionalista Global Times, que acusó a Amodei de tener una “agenda oculta” contra la segunda economía del planeta y querer “estrangular” su desarrollo. En un editorial publicado el domingo, el diario dependiente del Partido Comunista le acusó de disfrazar de “reflexión racional” sobre la seguridad un “manual de guerra fría”.
El objetivo, de acuerdo con este medio, es frenar a las firmas chinas mediante barreras tecnológicas y “monopolios regulatorios”, preservar la hegemonía estadounidense y apartar a Pekín de la elaboración de las normas mundiales. “Excluir a China y a sus empresas solo aumentará significativamente los costos de ensayo y error y los riesgos de pérdida de control en el desarrollo global de la IA”, advirtió el periódico oficialista.
En su ensayo, Amodei no reclama detener la investigación ni suspender el entrenamiento de modelos. Sugiere acompasar el aumento de sus capacidades con el desarrollo de medidas de seguridad, introducir verificadores externos en los principales laboratorios, coordinar límites entre las empresas de los países democráticos y buscar acuerdos globales con China. Pero, al mismo tiempo, advierte de que Estados Unidos no puede reducir el ritmo hasta el punto de que los proyectos chinos lo adelanten. Por eso reclama mantener fuera del alcance de China los chips más avanzados y la maquinaria necesaria para fabricarlos, perseguir su contrabando y el acceso remoto a centros de datos situados en otros países, proteger los parámetros internos de los modelos (“pesos”) y combatir la “destilación” no autorizada.
La destilación permite entrenar un modelo más pequeño y barato a partir de las respuestas generadas por otro más potente. La Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA), el FBI y la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA) acusaron este mes a seis empresas chinas —DeepSeek, Moonshot AI, MiniMax, Alibaba, StepFun y Zhipu AI— de extraer de manera sistemática capacidades de modelos estadounidenses mediante campañas de destilación “a escala industrial”. El Ministerio de Comercio chino rechazó las acusaciones por considerarlas infundadas, aseguró que se trata de una técnica habitual en la industria y acusó a Washington de intentar monopolizar el sector.
La disputa se intensifica después de que la distancia entre ambos países se haya reducido con rapidez. El Índice de IA 2026 de Stanford considera que la brecha de rendimiento entre los mejores modelos estadounidenses y chinos se ha estrechado considerablemente. Desde comienzos de 2025, se han alternado en los primeros puestos de Arena, una clasificación basada en comparaciones a ciegas en las que los usuarios eligen qué respuestas consideran mejores. En marzo, el modelo líder, desarrollado por Anthropic, aventajaba en esa clasificación al principal competidor chino por solo un 2,7%.
No obstante, la ventaja estadounidense sigue siendo considerable en capacidad de computación, inversión y número de modelos de primer nivel. Además, controla, junto con sus aliados, el acceso a semiconductores más avanzados. La estrategia china ha sido la de tratar de obtener más rendimiento con menos recursos para reducir su dependencia. Sus principales compañías ofrecen modelos abiertos, costes más bajos y una rápida aplicación de la IA en la economía real a través de su integración en fábricas, servicios públicos y aplicaciones de consumo.
El ministro chino de Seguridad del Estado, Chen Yixin, definió el domingo la IA como el “principal campo de batalla de la competencia tecnológica mundial” y como un nuevo terreno de la “pugna estratégica entre grandes potencias”. En un artículo publicado en la revista oficial de la Administración del Ciberespacio de China, acusó a “determinados países” de invocar la seguridad nacional para imponer controles tecnológicos, monopolizar los estándares y limitar la capacidad de innovación de otros Estados.
Al enumerar los seis grandes riesgos que, a su juicio, entraña la IA, Chen situó en primer lugar su impacto sobre la seguridad política y acusó a “fuerzas hostiles” de emplear contenidos manipulados y redes automatizadas de propaganda para librar una “guerra cognitiva” contra China. También alertó de filtraciones de datos, ciberataques contra infraestructuras esenciales y de la transformación de la guerra por la IA.
Las advertencias de Amodei y Chen parten de una misma certeza: la IA entraña riesgos que ningún país puede afrontar por sí solo. Pero ahí termina el consenso. El desencuentro coincide con los intentos de abrir un diálogo bilateral dedicado específicamente a su seguridad, el primero entre el Gobierno chino y la Administración Trump. Según fuentes citadas por Reuters, Pekín quiere convertir ese canal en uno de los principales resultados de la cumbre prevista para el 24 de septiembre, pero la Casa Blanca mantiene que la reunión no está cerrada.








