Por: Olmedo Jáquez / Abogado y comunicador
Santo Domingo Oeste vive una crisis de confianza que ya no puede ocultarse. En los barrios, en las juntas de vecinos, en los comercios y entre las organizaciones sociales crece la sensación de que las autoridades municipales no están respondiendo con la eficiencia, la transparencia y la sensibilidad que exige un municipio tan complejo y poblado.
La confianza pública se pierde cuando los problemas se acumulan, cuando las respuestas no llegan y cuando la ciudadanía siente que sus reclamos se quedan en el aire. Hoy, muchos munícipes no solo reclaman mejores servicios; reclaman una administración más clara, más responsable y más conectada con las necesidades reales de las comunidades.

Uno de los puntos más delicados es el papel del Concejo de Regidores. Los regidores están llamados a representar a la gente, legislar en favor del municipio y fiscalizar la parte administrativa del gobierno local. Aunque algunos han solicitado mayor transparencia, explicaciones e informaciones sobre el manejo municipal, esos reclamos no han encontrado respuestas satisfactorias. Esa falta de apertura debilita la fiscalización y aumenta la desconfianza ciudadana.
Santo Domingo Oeste necesita regidores más activos, más presentes en las comunidades y con mayor capacidad para exigir rendición de cuentas. Fiscalizar no es hacer oposición por capricho; es defender los recursos públicos y garantizar que el ayuntamiento actúe conforme a las prioridades del municipio.
A esta realidad se suma la falta de iniciativas concretas en favor de las comunidades. No bastan operativos ocasionales ni anuncios que no se traducen en resultados visibles. El municipio necesita acciones permanentes: limpieza de cañadas, recuperación de parques, iluminación de calles, ordenamiento de espacios públicos, mantenimiento de mercados, apoyo a la juventud y programas reales de saneamiento ambiental.
El problema más grave, sin embargo, sigue siendo el manejo de los desechos sólidos. La basura se ha convertido en el símbolo más evidente del deterioro del servicio en Santo Domingo Oeste. En distintos sectores, la acumulación de desperdicios refleja falta de planificación, debilidad operativa y ausencia de supervisión efectiva. Donde hay basura acumulada, hay contaminación, enfermedades, malos olores y pérdida de dignidad comunitaria.
Resulta inevitable comparar esta situación con las gestiones anteriores del alcalde Francisco Peña. Entre 2002 y 2010, muchos sectores recuerdan que existía mayor control en la recolección de los desechos sólidos. No era una gestión perfecta, pero se percibía mayor capacidad de respuesta frente a este servicio esencial.
Sin embargo, en esta nueva gestión iniciada en 2024, esa capacidad no se ha visto con la misma fuerza. El alcalde Francisco Peña, que en otro momento proyectó dominio sobre la recogida de basura, hoy enfrenta cuestionamientos porque el municipio no ha recibido un servicio mínimamente adecuado. La pregunta de muchos ciudadanos es sencilla: si antes se podía, ¿por qué ahora no?
El crecimiento del municipio no puede ser excusa para la improvisación. Al contrario, debe ser la razón para implementar un sistema más moderno, transparente y eficiente. Si existen empresas recolectoras, deben ser fiscalizadas. Si hay rutas que no se cumplen, deben identificarse. Si faltan camiones, debe explicarse. Si hay contratos y recursos asignados, la ciudadanía tiene derecho a conocerlos.
La preocupación de organizaciones comunitarias, empresarios, comerciantes y ciudadanos sobre el futuro inmediato de Santo Domingo Oeste es legítima. Un municipio sin confianza en sus autoridades se vuelve vulnerable al desorden, al abandono y a la apatía social.
Santo Domingo Oeste necesita una rectificación urgente. El ayuntamiento debe presentar un plan serio para enfrentar la crisis de los desechos sólidos, fortalecer la transparencia administrativa y permitir una fiscalización real. La confianza no se recupera con discursos, sino con hechos.
La ciudadanía no pide milagros. Pide limpieza, administración, fiscalización, transparencia y autoridad. Porque cuando la basura se acumula, cuando las comunidades no ven soluciones y cuando la administración no rinde cuentas, lo que está en juego no es solo la imagen de una gestión: es el futuro inmediato de Santo Domingo Oeste.








